sep 25

 
Christian Ravier, Martín Elías y Vincent Séger abren “Caramba”

Pombie es una isla. Flota sobre un mar cubierto de nubes que no se desvanecen hasta que el calor aprieta de verdad en las horas centrales del día.

Desde la segunda reunión de la Sureste, en la zona de las terrazas, mi mirada vuelve a detenerse en el gran muro anaranjado a la derecha de la chimenea Jolly… Hace veinte años que busco una solución en lo que me parece ser el último itinerario natural de la muralla de Pombie. De vuelta al refugio, aunque las bellas luces ya abandonaron la cara sureste dedico todavía unos instantes, como si fuera una obsesión, a escrutar la pared con los prismáticos del refugio colgados del cuello… Insensible como el mármol, la pared es un escudo.

El descubrimiento de una nueva ruta es a veces el resultado de un itinerario errático. Es una historia de luces y de sombras sobre una piedra que la mirada sólo podrá descubrir si la experiencia, la motivación –casi podríamos hablar de seducción – coinciden con precisión en un punto.

Aquí, en el Ossau, mi profundo compromiso con las montañas humanizadas se siente colmado. Este año, Karine y Léon, los guardas, han subido con Malou que celebra su primer cumpleaños mordisqueando piedras y cagadas de cabras… Ya llega hasta mí el olor a hierbas y especias que sale de su cocina. A la hora de comer es como si Pombie estuviera a las puertas de África, a dos pasos de Irán.

Este verano subí con frecuencia al Midi. Al recorrer la Jolly, una opción nada inocente, encontré por fin la solución de la pared acorazada y allí, como cuando se desenreda una madeja fue dibujándose la lógica del itinerario que conducía a la cima de la aguja Jolly.

De repente me pareció que era necesario ir deprisa, como si los dibujos imaginarios sobre la piedra sólo duraran un tiempo y fuese necesario aprovecharse cuanto antes de su aparición.


En estos días, Martín regresaba a la vertiente septentrional de los Pirineos con la firme intención de profundizar en un hedonismo obsesivo; para Vincent Séger, una visita tan original como ésta al Ossau, le obliga a un alto el fuego contra los tarros de mermelada. En estos primeros días de septiembre, el refugio ha vuelto a recuperar su tranquilidad. Hasta el principio de la tarde no cruzamos el caos de bloques que nos separa de la muralla de Pombie. A la izquierda de la salida de “Passager clandestin” (polizón) observamos una grieta recubierta por líquenes de flores exuberantes que cuando limpiamos con un cepillo nos descubren un magnífico itinerario. Ésta no será más que la primera sorpresa de una larga serie.


Por encima de la “Sureste”, Martín Elías avanza cautelosamente entre pequeños techos desordenados. Más arriba, mi compañero riojano, que se sabe sostenido por un público fiel, negocia con una maestría impecable el paso del “escalón” del muro naranja. Técnicamente, el largo siguiente será el más difícil, pero incluso entonces, sólo nos dejaremos sorprender por los nuevos descubrimientos. Un gran diedro, primero, y una auténtica chimenea, después, nos llevan no lejos del comienzo de la “Super-Jolly”. Martín localiza una grieta desplomada en la cara este… Yo tengo mis dudas, pues tengo la impresión de que vamos a tardar mucho. Es cierto que fue complicado encontrar el itinerario de este largo, pero Martín tenía razón: la ruta más bella pasaba por allí.

Bajo la aguja Jolly superamos los últimos pasos de la “Super-Jolly”. Hemos descubierto una magnífica ruta en la cara sureste de la punta Jean Santé.

Caramba (400 m, ED sup., 7b, 6c obl.). Abierta por Martín Elías, Christian Ravier y Vincent Séger el 2 y 3 de septiembre de 2009.

Por Christian Ravier

Fuente: Desnivel