jun 29

 
Refugios de Picos de Europa

Desde tiempos inmemorables el hombre ha deambulado por las montañas, a veces atravesándolas con motivaciones bélicas, otras en busca de nuevos asentamientos, pero siempre las montañas han sido un lugar de protección a cuyo amparo se instalaron poblaciones estables que se aprovechaban de los altos pastos para alimentar su ganado, sirviendo también de despensa donde encontrar rápidamente carne de los animales que podían cazar.

Es a partir de la conquista del Mont Blanc, en el último cuarto del siglo XVIII, por parte de Paccard y Balmat, cuando el alpinismo toma carta de naturaleza y comienzan a ascenderse de forma sistemática las grandes montañas de los Alpes.

Primero son las grandes cumbres, las más representativas, pero luego, el ansia de conquista, irá haciendo que vayan cayendo los espolones y aristas más vertiginosos, así como las más abruptas paredes.

Y así comienza una nueva necesidad; las pernoctas se hacían hasta ahora en las partes más altas, aprovechando las cabañas de pastores, pero a partir de este momento comienzan a hacerse refugios, edificaciones específicas de montaña en los lugares más estratégicos y a veces inverosímiles.

Probablemente el primer refugio de montaña se construye en 1853, a partir de una cabaña levantada a expensas de Horace Benedict de Saussure en la segunda mitad del siglo XVIII: es el refugio de Les Grands Mulets, en el Mont Blanc.

En la actualidad hay refugios en las partes más inverosímiles de las montañas que se reparten por todo el mundo. En los Alpes abundan los altos refugios, muchos de ellos perfectamente dotados y acondicionados, aunque aún se conservan otros denominados vivac, encaramados en lugares de difícil y complicado acceso, incluso algunos están situados en una vía de escalada. Esto ocurre en los Andes, en las montañas africanas, aunque aún no están extendidos en el Himalaya.

En España la construcción de refugios fue iniciada en los Pirineos, por su proximidad a Francia y al ser zona de influencia del montañismo catalán, que ya tuvo presencia destacada en las cumbres desde finales del siglo XIX, y con los años se fue extendiendo al resto de los macizos montañosos españoles.

En los Picos de Europa existían majadas y también edificaciones situadas a una notable altura con fines mineros, como los casetones de Lloroza, vega de Liordes o el Casetón de Ándara, que sirvieron como punto de partida en algunos ascensos notables como los del conde de Saint Saud a finales del siglo XIX, pero el primer refugio que como tal se construye es el de Áliva en 1916, ubicado el la parte superior de la Llomba del Toro, se amplió y reformó en 1927.

En 1973 un incendio lo destruyó y posteriormente se construyó en su lugar un hotel que funciona en la temporada estival. Previamente se había construido, también en las praderas de Áliva, el Chalet Real, a iniciativa de la Real Compañía Asturiana de Minas, para regalárselo al rey Alfonso XIII, que con cierta asiduidad, como también lo había hecho su padre, había venido a estar tierras a cazar.

En 1923 un comerciante de Cabrales, con una singular iniciativa comercial, edificó un refugio en la majada de Camburero, anunciando además subidas al Naranjo de Bulnes, de las que se ocuparía Víctor Martínez Campillo, vecino de Camarmeña. Este refugio estuvo guardado hasta 1926, y en 1935 un incendio lo destruyó por completo.

En 1924 se construye el refugio de vega Redonda, en la parte septentrional del macizo occidental de los Picos de Europa. El arquitecto, Julián Delgado Úbeda, se inspira en los refugios pirenaicos franceses como el de Tucarroya o el de Baysellance, del que se copió el español de Ull de Ter que data de 1909. En 1987 se construye un poco más abajo el nuevo refugio de vega Redonda, formado por dos edificios independientes, al que hace poco se le ha propuesto el nombre de José María Remis, quien durante muchos años fue el guarda del anterior refugio.

En 1929 se comienza a construir el refugio de vega Huerta, similar al de vega Redonda, en forma de bóveda. Este pequeño refugio prestó sus servicios hasta los años 80 en los que se derrumbó. En el 2010 se construyó en el mismo lugar una réplica del mismo.

Collado jermoso, 70 años de vida.

El refugio de Collado Jermoso, se construye en 1942, también bajo los planos de Julián Delgado Úbeda.

La idea partió de Diego Mella Alfageme, a quien después de su muerte se le dedicó el refugio, quien ya en 1930 hizo un vuelo en avioneta por los Picos, y años más tarde, 1935, en el I Congreso de la recién creada Sociedad Española de Alpinismo, precursora de la FEM, consiguió que se aprobara la construcción del refugio de Collado Jermoso, apuntándose también la posterior instalación de otro en la vega de Urriellu, a los pies del Naranjo, y un tercero en la zona del Torre Cerredo sin precisar aún su ubicación.

En ese mismo año se comienza el acarreo del material al collado Jermoso, pero en 1936, la guerra civil da al traste con el proyecto volatilizándose el dinero del que se disponía. Se retoma en 1940 y se vuelve a portear penosamente el material necesario, pues la mayoría del que antes se había llevado ya no sirve, y en 41 se inicia la construcción.

José González Folliot, Pepín, artífice la primera escalada de la cara sur de Peña Santa entre otras actividades de interés por los Picos de Europa, haría de enlace en Valdeón con Julián Delgado en Madrid, mientras que Diego Mella sería quien gestionara los permisos necesarios adelantando incluso dinero de su patrimonio personal para hacer frente a los gastos de construcción del refugio.

Quico Casado, de Santa Marina de Valdeón, se encargó desde entonces con un celo encomiable de la guardería hasta los años setenta, porteando todo lo necesario con ayuda de un burro que subía desde Santa Marina al refugio sin ningún problema. Posteriormente el madrileño Guillermo Rodán, luego los gallegos Ramiro Soto y los hermanos Luis y Miguel Casal, hasta llegar a Adolfo Cuétara, quien cambió notablemente el refugio, fueron los que con cariño se encargaron de que éste funcionara perfectamente. Actualmente, y desde el año 2008, es el asturiano Pablo Sedano quien con otros compañeros anónimos, como ocurriera con los guardas anteriores, hace posible que el refugio sea una instalación moderna que da alojamiento a quienes llegan a este idílico lugar permitiéndoles asimismo disponer de todo aquello que se precisa en una instalación de este tipo.

El viaje que hiciera hace unos años el entonces Presidente de Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero, popularizado por el también leonés Jesús Calleja en un reportaje en televisión, aumentó en los últimos años la afluencia a este hermoso paraje.

El refugio de Collado Jermoso constituye un punto de partida inmejorable para hacer ascensos al Llambrión o a la Torre de la Palanca, así como para acometer escaladas a cumbres de más dificultad como las Torres Peñalba o Delgado Úbeda.

Ningún montañero o amante de la Naturaleza que se precie puede dejar pasar su vida sin contemplar una puesta de sol desde el collado que se encuentra detrás del refugio, cuando las últimas luces del sol magnifican, si es que ello es posible, las hermosas líneas que descienden de la cumbre de la reina del macizo del Cornión: la sin par Torre Santa o Peña Santa, que encontraremos tan cerca pero a la vez tan lejos….

Coincidiendo con la celebración del medio siglo de la primera escalada al Naranjo de Bulnes, por Pedro Pidal y Gregorio Pérez, el Cainejo, se inaugura el 5 de agosto de 1954 el refugio de la vega de Urriellu. Este refugio fue ampliado adosándole un anexo a la izquierda en 1979 (75 aniversario de la primera escalada al Picu), y en los años 1989 y 1990 se construyó el actual aprovechando la fachada del original. Guardas como José Luis Álvarez, Tito o Tomás Fernández dejaron su impronta en la vega de Urriellu.

En 1958 se construye el refugio de la vega de Ario, al pie del Jultayu, auténtico remanso de paz e incomparable mirador sobre el macizo central de los Picos.

La Real Compañía Asturiana de Minas cedió en 1960 el Casetón de Ándara, en el macizo oriental de los Picos, para que fuera utilizado como refugio de montaña, acondicionándolo a continuación.

En 1961 se inauguró el curioso refugio de Cabaña Verónica, el más alto de los Picos de Europa, encaramado a un promontorio rocoso. Durante muchos años, este pequeño refugio situado en tan particular enclave, estuvo guardado por el carismático Mariano Sánchez.

En el 1962 se construyen dos refugios menores, el del Frade y el de Ordiales, ambos en el macizo occidental.

El teleférico que une Fuente Dé con El Cable, inaugurado en 1966, cuya idea original partió del lebaniego José Antonio Odriozola, que fuera posteriormente presidente de la Federación Española de Montañismo, acogió años más tarde, un pequeño refugio en una de sus dependencias.

En las praderías de la Vega de Abaño, por encima de Soto de Sajambre, se abría en 1967 el refugio de Vegabaño que durante años estuvo guardado por el entrañable Valentín Díaz Caneja, y en la actualidad está regentado por Julián Morantes.

El jou de los Cabrones acoge en el año 1968 un refugio exactamente igual que el de Cabaña Verónica, pero su vida será efímera pues en dos temporadas es arrasado por la onda expansiva de una avalancha. En su lugar, desoyendo la opinión de los lugareños, se construye en 1972 un nuevo refugio, esta vez de planta cuadrada, pero sufre la misma suerte que el que le había precedido. Finalmente, uno definitivo, es instalado en otro lugar cercano, pero diferente, en el año 1982. En 1991 se le añade un segundo módulo para ampliarlo.

Hay otros que no se pueden considerar como tales, aunque a veces hayan servido de refugios, como la casa Municipal de Pastores en los Lagos (1947) o la caseta de la vega de Liordes (1959), así como otros que se han ido haciendo posteriormente en los últimos años en las vegas de Sotres o en la Terenosa.

Se debe ir a los refugios pensando en que son eso, refugios, no hoteles, bajando siempre la basura y los residuos que generemos, haciendo siempre caso de las indicaciones de los guardas que tienen que vivir a diario en un lugar tan particular, y que son excelentes conocedores del entorno, de quien podemos solicitar la necesaria información.

Texto y fotos: Isidoro R. Cubillas

Fuente: Montaña Montaña