sep 27

 
Jesús Calleja regresa de Ladakh tras repartir la ayuda recibida a casi 700 personas que podrán pasar el invierno en condiciones

Hay pueblos que han sido casi borrados del mapa. Pero no sólo es la destrucción de sus casas -que de muchas de ellas simplemente no existe ni rastro- es que el terreno fértil, el poco terreno que tienen para cultivar en esta hostil tierra del Himalaya, ha desaparecido o está cubierto completamente de una capa de lodo y rocas de hasta 10 metros de espesor. Esto es peor que la destrucción de las casas.

El día 16 de septiembre partí hacia la India, al norte, en el Himalaya.

En el mes de agosto, en esta zona sufrieron unas lluvias atroces que, en apenas dos horas, descargaron la misma cantidad de agua que en los últimos 30 años.

El Ladakh es la prolongación natural del Tíbet, aunque existan fronteras por el medio, y esta zona concreta es un desierto de altura, donde apenas se registran precipitaciones por su situación geográfica tan especial… y sin embargo una anomalía extraña hizo que se produjeran estas extraordinarias lluvias.

Como el terreno está desprovisto casi por completo de vegetación, y las montañas son muy altas, con grandes valles, estos hicieron de enormes recolectores de esa brutal lluvia, y se produjeron avalanchas de lodo y torrentes de una violencia sin precedentes.

Conclusión: como las aldeas y su capital, Leh, están en esos valles, sufrieron la peor catástrofe de su historia. Aun siendo un lugar muy poco poblado, hubo cientos de muertos y desaparecidos. La zona se quedó colapsada, y las noticias eran confusas.

Nosotros nos pusimos en marcha rápidamente. Es un lugar que queremos especialmente, sobre todo a sus encantadoras, afables y extraordinarias gentes, donde hemos hecho muy buenos amigos. Hace muchos años que visito aquellas tierras y son muy queridas para mí. Creíamos que teníamos que hacer algo, ellos nos han dado mucho, y era hora de comprometerse, pero de verdad… Gracias al anuncio que hicimos, la respuesta llegó de inmediato, y conseguimos juntar una buena cantidad de dinero, que sin demora me dispuse a enviar. La pregunta era cómo hacer llegar ese dinero justa y equitativamente, y cómo lo repartiríamos.

Después de darle muchas vueltas, decidí cambiar mi apretada agenda de rodajes y hacerme un hueco viajando a la zona afectada durante una semana.

Allí empecé a organizarme con mis amigos los ladakhís.

Lo primero, dar las gracias a Ringen, que trabaja para el gobierno indio y nos facilitó las listas de los más afectados en la capital Leh, pero sobre todo de las aldeas más humildes, que posteriormente visitamos. También nos ayudaron Phuntchok y Lundup.

Los cuatro nos desplazamos a las zonas más afectadas, y lo que vimos fue terrible: hay pueblos que han sido casi borrados del mapa, y otros tienen un nivel de destrucción que cuesta creerlo. El pueblo de Saboo está casi el 80 % destruido, al igual que Chomglansar, en otros puede que el 70%.

Pero no sólo es la destrucción de sus casas -que de muchas de ellas simplemente no existe ni rastro- es que el terreno fértil, el poco terreno que tienen para cultivar en esta hostil tierra del Himalaya, ha desaparecido o está cubierto completamente de una capa de lodo y rocas de hasta 10 metros de espesor. Esto es peor que la destrucción de las casas, pues la tierra aquí es de tan mala calidad que sólo se consigue hacerla fértil a base de años de moverla y aplicarla excrementos de animales, por lo que mucho de este terreno sólo se consigue con las sucesivas generaciones.

Pues este terreno ha desaparecido por completo en muchas aldeas, es decir: no podrán cultivar. Por lo tanto no tendrán dinero para reconstruir sus casas, por lo que se verán obligados a buscarse la vida en otro lugar y abandonar lo que fue su tierra y hogar durante generaciones.

Amigos, hay verdaderos dramas.

La idea que se nos ocurrió es aportar cantidades entre los 300 a 1000 euros por familia, según el nivel de destrucción. No es mucho y por supuesto que no podrán reconstruir sus casas, pero no nos da para más, al menos podrán pagar los alquileres, comida y ropa para pasar este año, sobre todo el duro invierno que está a las puertas y donde las temperaturas descienden hasta los 30 grados bajo cero.

Conseguimos ayudar a 93 familias, con una media de 8 personas por familia, lo que hace un total de unas setecientas personas, que al menos con este dinero tendrán comida, ropa, pagarán alquileres y cubrirán alguna necesidad más para este duro invierno. Evidentemente es poco el dinero que hemos podido repartir, pero ha sido de una forma rápida, sin burocracia, y os aseguro que llegó a sus manos hasta el último céntimo que me distéis con vuestras donaciones.

Tenemos cada euro documentado, las fotos de cada representante de las familias (muchos han perdido a varios de sus miembros), y un video de cómo se hicieron las donaciones. Además, este representante tomó nota de cada acción y firmaron la recogida del dinero. Lo hicimos directamente en las zonas afectadas, vimos con nuestros propios ojos el nivel de destrozo de sus casas, terrenos y la pérdida de familiares.

Como digo, el dinero llegó a sus manos sin ningún gasto de ningún tipo. Todo el dinero recaudado, todo vuestro dinero ahora servirá para que 93 familias vivan un poco más dignamente. Además del valor del dinero, fue tan importante el valor moral que les aportamos: les fascinó, se emocionaron y lloraron de emoción, porque unos extraños venidos de muy lejos se preocuparon de sus problemas y les dimos dinero a cambio de nada. Sus caras lo decían todo, y esto también de alguna manera les dará fuerzas para empezar de nuevo, como nos decían algunas familias.

Quiero daros las gracias a todos, me emocioné cuando leí algunos de vuestros comentarios, por poner un ejemplo: el de un parado que ha dado dos pequeñas aportaciones (en dos mesas) porque la paga del paro es muy poca, y pide disculpas por su poca aportación, es increíble. También hubo aportaciones muy generosas, algunas extraordinariamente generosas desde el anonimato. En fin, que sois muy buena gente, que os quiero, y que también me emocioné cuando repartía justamente ese dinero con un pueblo en el Himalaya que nunca protesta, que asume sus desgracias como nadie, y que sus lagrimas y sus gestos de amor cuando les entregábamos el dinero valen más que mil palabras. A ellos les dijimos que el dinero era de gente anónima que me lo dio porque también les querían.

Nunca me imaginé que un simple anuncio en mi web hiciera tanto, amigos, un millón de gracias a todos.

Esto me anima a dejar la cuenta abierta, porque tuve la oportunidad de ayudar con 2.500 euros a un colegio de niños pobres que estudian y viven en una situación lamentable y que unos voluntariosos profesores casi sin sueldos lo dan todo por ellos. Niños de aldeas pobrísimas de lugares fronterizos donde estudian a pesar de las carencias y que serán también el futuro de esta parte tan olvidada de la India.

Su colegio humilde también sufrió las inundaciones y los niños ayudan a reconstruirlo, quieren seguir aprendiendo. Nos hemos comprometido a seguirles de cerca y apadrinarlos. Son 164 niños de entre 5 y 13 años, que estudian y viven en lamentables condiciones.

Amigos, una vez más, millones de gracias a todos, somos una gran familia y hemos estado a la altura todos en este Desafío Extremo que juntos conseguimos.

Esta es, sin duda, la mayor manera de ayudarles y su principal fuente de ingresos. Amigos, animaos a visitar el Ladakh, las lluvias fueron una rareza y seguro que pasarán muchos cientos de años para que se produzca un fenómeno similar.

Este seguirá siendo nuestro y vuestro Desafío.

Jesús Calleja

La campaña de ayuda sigue activa:
Cuenta corriente para los damnificados de las inundaciones del norte de la India
Titular cuenta: DAMNIFICADOS POR LAS INUNDACIONES DEL NORTE DE LA INDIA
Nº de cuenta: 2091 0924 98 3040001841 (Caixa Galicia)

Fuente: Barrabes