oct 23

 
Calleja, Emilio y Phuntchok intentan unir los altos reinos de Dolpo, Mustang y Tíbet

Han conseguido un inusual permiso, y van a intentar realizar la travesía entre estos 3 reinos durante aproximadamente 50 días. El invierno se echa encima, así que no sería extraño que la nieve les bloqueara hasta primavera en algún asentamiento nómada, si lo encuentran. De momento, a dos días de comenzar, se encuentran atascados en un collado a 4.600m de altura, en espera de poder continuar. El primer día ya perdieron en un lago casi todo su queroseno para cocinar.

 Los reinos de Mustang y Dolpo se encuentran aislados en lo más profundo del Himalaya. Sus zonas bajas, en ocasiones, son visitadas, pero el alto reino conserva remotos rincones y valles sin tránsito y desconocidos. Los nómadas que por allí habitan no mantienen prácticamente ningún contacto con el exterior, y se desconoce su número y situación. El budismo no ha llegado aún a ellos, y practican la vieja religión Bon. La unión por la montaña de estos 3 reinos es muy compleja desde el punto de vista físico, transitando durante más de un mes por zonas a más 4.500-5.000 metros de altura; pero su principal dificultad es de índole política.

Hace varias décadas que el gobierno chino no permite la entrada a Tíbet, y el gobierno nepalí apenas hace 5 años que comenzó a dar visas para recorrer el bajo Dolpo y Mustang. Calleja, Phuntchok y Emilio Valdés han conseguido un extraño permiso para unir los 3 viejos y míticos reinos del Himalaya por sus zonas altas, y aunque la época no puede ser más inadecuada, no han querido perder la oportunidad y están intentándolo. Lo normal, si el invierno es fiel a su cita, y ellos consiguen arrancar tras los problemas que están teniendo, sería que se quedaran atascados a muchos días del primer lugar con un mínimo de civilización hasta la primavera, confiando en que por la zona haya asentamientos nómadas en donde pasar el invierno. Otra opción sería un rescate en helicóptero, pero hay serias dudas de que esto pudiera llevarse a cabo, tanto por problemas físicos como políticos.

Aunque ya casi nadie lo recuerde, no sería la primera vez que esto les ocurre a Jesús Calleja y a Phuntchok. Hace unos años pasaron un invierno con unos nómadas en la montaña, en la tierra de Phuntchok, bloqueados por la nieve. Sin embargo, un perro tibetano de los nómadas con los que convivían mordió a Jesús en el gemelo, provocándole un desgarro y una infección galopante que obligó a Phuntchok y a él a realizar una vuelta desesperada de unos cuantos días entre la nieve y la fiebre para que pudiera ser tratado.

En las fotos vía satélite han encontrado entre las montañas unos valles alejados de las rutas nómadas de los que no se tiene constancia de su exploración. Phuntchok, Emilio, Jesús y Chiring planean desviar sus pasos, ascendiendo unos seismiles vírgenes y descendiendo por su cara oculta para poder explorar estos valles, mientras la caravana continúa su ruta, para encontrarse días después todos de nuevo.

Les acompaña Chiring, el joven serpa que ya acompañó a Jesús en el Lhotse, y en varios lugares más, cuando era un aprendiz. Ahora es jefe de serpas.

"Atascados en mitad de un collado a 4.600m

Hola amigos

Tras llegar al pueblo de Paldan, alcanzamos otro espectacular pueblo en Dolpo donde sus habitantes son tibetanos y profesan la religión Bon, anterior al actual budismo.

Allí se encuentra el campamento de los militares en donde teníamos que pasar el control. Carecíamos de permiso de rodaje, aún se estaba gestionando en Katmandú y nos lo tenían que enviar vía satélite. Estábamos muy nerviosos pues todo el mundo ya sabía que estamos filmando un documental, y los militares nos esperaban.

Nos dicen que los permisos ok, pero que no podemos filmar ni un minuto más, y que hay que guardar las cámaras en los bidones estancos.

Con esa desolación montamos el campamento a orillas del lago de un color turquesa casi imposible, nadie sabe exactamente el por qué de este extremado color. Hablamos Manu, Emilio, los serpas y yo, que hacer. Esta claro que continuaremos con o sin cámaras.

Nos dicen que por la mañana hay que acercarse al cuartel a validar los permisos para poder entrar en el alto Dolpo, un lugar que se abré y se cierra con suma facilidad en función de los conflictos internos que tiene la región o el propio Nepal.

Dolpo es la región mas grande de Nepal y vive al margen de lo que ocurre en el país; las gentes de estos remotos valles casi nunca han recibido ayudas del gobierno y viven al antiguo estilo tibetano, pero de vez en cuando las guerrillas maoístas de los valles bajos alcanzan estos lugares, de ahí que existan controles militares. Además es puerta de entrada al Tíbet por diferentes collados, y dado que también están las cosas revueltas por Tíbet, deciden controlar el paso de personas al alto Dolpo. Nosotros tenemos de esos pocos permisos que se conceden para poder entrar en estas remotas tierras, casi olvidadas, del Himalaya mas profundo.


Por la mañana nos acercamos al puesto militar, y tenemos la gran suerte que están, yo diría, muy felices por la cantidad de “chang” que han bebido. Están celebrando los tres días más importantes de las fiestas de Nepal: el Tihar, y esto sorprendentemente nos ayuda a que hagan la vista gorda con las cámaras y nos dejen veladamente filmar. Alguien dice “yo no he visto nada”, pero aun así seguimos con el trámite del permiso. Todavía nos queda más de un mes, y podemos encontrarnos con más sorpresas.

Comenzamos muy pronto a caminar y ya desde el primer momento lo hacemos sobre la estrecha senda horadada en el lago Photsundo. Es casi imposible que puedan pasar las mulas por este estrecho camino de apenas 50 cm. Por esta razón los porteadores, cocinero, serpas e incluso nosotros pasamos toda la carga en varios viajes durante el primer tramo de mas o menos un kilómetro de largo. Es una tarea dura y tediosa. Después lo harán las mulas sin carga, dirigidas por el experto mulero.


En un pequeño pasaje estrechísimo, vemos lo deteriorado del camino y como en el fondo del lago hay una mula ahogada y restos de vigas de madera. Es muy fácil que se desmoronen fragmentos del camino. En estos pasajes no hay nada excepto paredes de roca verticales que llegan hasta el lago, y en estas paredes planas, los tibetanos de Dolpo incrustan vigas de madera y después ponen piedras planas a modo de losas para fabricar una senda donde no hay nada. Así esta hecho todo el camino que bordea el lago durante 6 kilómetros. Echamos casi el día en atravesar este lago y lo conseguimos sin perder ningún animal, pero si alguna carga y sobre todo algo muy preciado: ¡35 litros de keroseno! Esto si es un problema, porque en el alto Dolpo no hay keroseno, ni madera, ni ningún otro combustible que no sea estiércol de animales. A partir de ahora a economizar el keroseno, o no podremos continuar. Hacemos cuentas y podremos conseguirlo siempre y cuando no perdamos más keroseno, a cambio no herviremos el agua…

Llegamos a un bosque precioso de álamos, pinos enanos, y otros arbustos, encima de nosotros montañas de 6.600 metros, y un valle de corte en “V”, donde el sol sólo entra durante tres horas al día. Hace un frío húmedo endiablado, lo que nos obliga a cenar pronto, a las 6 de la tarde, y a las 7.30 estamos metidos en los sacos de dormir para entrar en calor. Este será nuestro ritmo a partir de ahora, pues el frío ira en aumento a medida que alcancemos altitud.


Al día siguiente empezamos una larga y dura etapa, tenemos que alcanzar el campo base de nuestro primer gran obstáculo: un collado de 5.400 metros de altura, que hay que dividir en dos etapas. Hoy llegaremos a un campo base situado a 4.600 metros. Pero antes abandonamos el valle en “V”, y nos metemos con decisión en una brecha cortada a tajo de a penas 15 metros de ancha, fría, umbría, donde nunca entra el sol, y todo esta helado.

El camino serpentea por una difícil senda para los animales, y el frío es atroz. Estamos subiendo constantemente los 800 metros de desnivel. Por fin vemos que esta estrecha brecha se abré algo y el sol entra ligeramente, pero a tan solo 4.100 metros ya está presente la nieve en las caras norte. Al dueño de las mulas se le cambia el gesto al ver la nieve tan baja y abundante. Para la caravana y nos dice que continuaremos hasta el campo base, pero cree que no podremos pasar el collado con las mulas.

Nos deja “planchados”, continuamos la marcha con pasos lentos, la altura hace mella en nuestros cuerpos aún no aclimatados, incluso un porteador esta fastidiado con fuertes dolores de cabeza, que Emilio y yo atendemos, aliviándole con analgésicos. Casi no hablamos de la preocupación con lo que nos ha dejado el dueño de los caballos.

Por fin alcanzamos el campo base donde la garganta definitivamente se abre y disfrutamos de unas vistas fantásticas: picos de 6.600 metros nevados como merengues, al fondo la garganta por la que hemos subido, a los ladoss formaciones calizas, y las laderas de nuestro campo base nevadas. Mas arriba vemos el empinado collado por el que tenemos que subir mañana y atravesarlo, pero antes las malas noticias…


El dueño de los caballos decide subir hoy mismo con Chiring a ver como esta el paso, de este descomunal collado. Nosotros esperamos con tensión en el campo base, y al atardecer descienden agotados, y nos comunican que para los caballos y mulas es totalmente imposible, del otro lado del collado la nieve es muy espesa, la senda bloqueada por el hielo, y las pendientes son muy fuertes, ningún caballo o mula sobreviviría.

Dice que nos tenemos que dar la vuelta, y esto significa que la expedición se ha terminado, y que no podremos desvelar los secretos que nos aguardan detrás del gran muro de 5.400 metros que separa el bajo Dolpo del alto Dolpo. ¡No me lo puedo creer¡…

Hablamos largo y tendido, los serpas y nosotros, y decidimos que se marchen los caballos y nosotros esperaremos en este punto hasta que Chiring encuentre yaks en el pueblo de Photsundo, el poblado que está al final de lago a dos días de distancia. Chiring lo acepta, le damos un teléfono satélite y nos comunicaremos con el mediante otro teléfono satélite.


Las caras son largas y los ánimos por los suelos, al menos estaremos cuatro días aquí parados sin saber que será de nuestra expedición. Chriring ya se ha ido, y aún no tenemos noticias si ha podido contratar yaks en esta época tan cerca del invierno, es difícil que alguien se preste a pasar este fabuloso muro helado de 5400 metros y otros cinco collados con más de un mes de travesía por delante, a las puertas del invierno, en donde te puedes quedar completamente asilado si las nieves deciden adelantarse. No es una broma, es uno de los lugares del Himalaya más radicales, no hay casi nada de lo que entendemos por vida occidental, y una se las tiene que arregla como puede. Si el invierno se adelanta pues simplemente te quedas atrapado donde te sorprenda como les ha ocurrido a los nómadas desde tiempos inmemoriales y seguirá ocurriendo. Tendríamos que pasar el invierno en alguna pequeña aldea tibetana, si es que hay, o sacarnos en helicóptero si algún aparato pudiera volar hasta aquí, cosa que dudo mucho.

Ahora os escribo desde mi tienda de campaña a unos.-15ºC, compartiendo esta tienda con Phuntchok, los dos con diarrea y vómitos, aunque con claros síntomas de mejoría gracias a las medicinas. Son las consecuencias de no tener keroseno y no hervir el agua; hay muchos excrementos de yaks alrededor y alguna oportunista bacteria se ha instalado en nuestros calentitos cuerpos, pero mañana las echaremos. ¡Tenemos unos buenos antibióticos!


Ya os contaré si hemos conseguido los yaks y si después logramos atravesar este gigantesco collado nevado, helado y gélido.”

Fuente: Barrabes