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5 cuatromiles en cinco días

Dos de los guías de TocandoCumbre, Pablo Fernández Cañon y Honorio Castaño García acaban de regresar de una corta pero fructífera estancia en los Alpes suizos donde aprovechando un paréntesis de buen tiempo han conseguido hacerse con hasta cinco cumbres de más de cuatro mil metros. Si a su llegada a Randa la  climatología se mostró especialmente desfavorable, en menos de 12 horas el aspecto ya había cambiado mucho y pronto el Sol tenía ya algún hueco por el que colarse. No obstante, la primera de las cimas, el Dom, de 4.545 metros, hubieron de afrontarla con una climatología aún muy inestable y cambiante, lo que motivo que la suya fuera la única cordada del día que lograra la cumbre. Se trató de una prueba de gran dureza dada la nula aclimatación que por entonces aún tenían y la importante altura que alcanzaba esta montaña, la mayor de las cinco. Ese mismo día realizaron el descenso hasta Randa donde hicieron noche y al día siguiente afrontaron el ascenso hasta el Refugio del Weisshorn desde donde se disponía a atacar una de las cumbres más ambicionadas de todos los Alpes y una de las más hermosas y exigentes. Fue al cuarto día de este breve periplo alpino que se acometió la escalada al más difícil de los cuatromiles, y con un tiempo ahora sí muy favorable, la empresa llegó, a través de una arista de vértigo, a buen término. Ese mismo día hicieron un nuevo descenso a Randa donde preparan un último ataque. Disponiendo ya solo de un día más, recurren, por primera vez, a los medios mecánicos para ganar rápidamente altura. Situados de esta manera en el Klein Matterhorn a 3.883 metros de altitud disponen de una última jornada para afrontar tres nuevas cimas de más de cuatro mil metros. Y así, primero el Castor, luego el Pollux  y finalmente la Roccia Nera  fueron cayendo hasta completar un quinteto que sabe a gloria dado el poco tiempo y la poca aclimatación de  que se dispuso. Para terminar de dar a esta jornada final la dureza pertinente el descenso hasta el hermosísimo pueblo de Zermatt  se llevó a cabo ya sin ayuda mecánica, lo que volvió a castigar las piernas con un fuerte desnivel.

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«El Weisshorn, uno de los cuatromiles más exigentes de los Alpes, constituyó el plato fuerte de la actividad. »