may 28

 
IX Subida al Pienzu, aprendiendo a sufrir

Hace nueve años que Bernabé Aguirre diseño este recorrido como buen conocedor del terreno, ya que nació y se crió en Cofiño. En las últimas ediciones la FEMPA había tomado el relevo, pero este año el Grupo de Montaña Picu Pienzu ha vuelto a coger las riendas, y lo ha hecho contando con el asesoramiento del “padre de la criatura” y con la ilusión de quien adopta su primer hijo.

Ha habido varios cambios para mejor, al menos desde fuera. El primero que me llama la atención es la preocupación por la difusión en los medios, y eso seguro que desde la promoción turística de la Comarca del Sueve lo agradecen, ya que han financiado gran parte de los costes del evento deportivo.

No solo se han preocupado de ponerse en contacto con todos los medios a su alcance, si no que han realizado un vídeo promocional hecho por profesionales del sector, para subirlo a las redes sociales y que cualquiera que busque en la Red conozca la belleza de esta montaña, la segunda de mayor elevación a nivel del mar en todo el mundo.

En carrera se han preocupado de la seguridad de todos cambiando el recorrido de bajada para no coincidir con los mas rezagados, y en meta nos han sorprendido con una camiseta técnica de diseño y una carpa con los fisioterapeutas del Colegio del Principado de Asturias, que conseguían recuperar a los que llegábamos mas tocados.

Este año ha habido récord de participación (mas de 200), y viendo como se han volcado desde el ayuntamiento de Parres y el grupo Pienzu, seguro que se corre la voz en el mundillo del ‘trail running’ y el año que viene acuden aún mas corredores/as.

Decir que este año se han hecho las cosas mejor no es una crítica a los que organizaron la Subida al Pienzu otros años. La FEMPA asumió este evento como propio y la carrera se incluyó en la Copa de Asturias con la ayuda de mucha gente que colaboró de forma desinteresada, algunos de los cuales aún se dejaron ver por allí, y gracias a esa colaboración hoy podemos hablar de que el año que viene se cumplirá el X aniversario, pero ahora la juventud tiene mejores ideas y tal vez mas ilusión, y es bueno dejarles paso.

En lo personal fui a correr porque es una carrera preciosa, pero sobre todo porque me lo pidieron mis amigos Berna y Toni, y a los amigos no se les dice que no.

Otros años había entrenado mas con salidas cada tres días al Monsacro, pero este invierno me he centrado mas en mi formación de alpinista. Así que me tocó sufrir. En la salida me reencontré con mi amigo Diego, estrenado equipación del grupo Picu Cubil de Laviana, y me dijo que iríamos juntos porque era su primer Pienzu y no conocía el terreno. Pero salimos bastante rápido y cuando abandonamos el asfalto y empezaron las primeras rampas, ya vi que no era un buen día. Llevo muy mal el calor y llegamos a alcanzar los 24 ºC.

En el primer avituallamiento de Cofiño ya nos habíamos separado, y eso que el jueves habían ido a entrena a Picos de Europa subiendo a Urriellu, Collada Bonita y bajando Moñetas. Unos tan fuertes y otros tan flojos. Tampoco supe controlarme en la bajada, y en Beluenzu ya se me habían calentado las plantas de los pies y notaba como se formaban las ampollas. A pesar de los ánimos de la gente, que por cierto había bastante en todo el recorrido, yo solo escuchaba el ruido del helicóptero de la Guardia Civil, y a punto estuve de hacerle señas para que me rescatara cuando me dieron los primeros calambres y tirones.

Hasta Cofiño bajé como pude, olvidándome de recuperar el tiempo perdido en la subida, y de haber encontrado a Aguirre como en la subida, creo que me hubiera retirado y bajado con él en coche. Pero ya no estaba. Bebí y comí unos dátiles y plátano en el avituallamiento y por un momento creí que me había recuperado. Que iluso.

En la última subida a esa peña de cuyo nombre no quiero acordarme tuve que volver a parar. Las piernas decían basta pero dar la vuelta era casi peor que terminar así que apreté los dientes y me acordé de cuando estuve un mes en el hospital, y de cómo las salidas a la montaña eran lo único que me mantenían ilusionado. A pesar de las zapatillas nuevas la planta de los pies me abrasaba y procuraba encoger los dedos para evitar apoyarme en las ampollas.

Al llegar al asfalto se me acabó el pundonor y me dejé llevar. Sólo quería terminar, aunque fuera caminando, pero cuando me alcanzó Iván decidí entrar en meta con él. Trotaba muy despacio aunque para mí ya era un sufrimiento. En el parque de la Concordia de Arriondas su hijo entró con nosotros, pero estaba tan jodido que no le dije ni adiós.

Recogí la bolsa de “finisher” y me agaché de cuclillas para que nadie me vieran llorar.

De no ser por los masajistas del Colegio de Fisioterapéutas del Principado, creo hoy no podría ni caminar, pero aquí estoy, con los pies doloridos, agujetas hasta en los brazos y los pezones como el culo de un mandril por no echar vaselina. Al menos al escribir no me duele nada.

Por cierto, que en chicos ganó Martín Álvarez, y ya van cinco ediciones, y en chicas Amparo Zapico, que parece que nunca nos acordamos de ellas.

Texto: Andrés de la Torre

Fotos: Toni Somoano, Jorge Rivero y Jose Luis Lastra

** Para ver las fotos y clasificaciones visitar la web del G.M. Picu Pienzu

Fuente: Montaña Montaña