jul 22

 
Sergio Breñas, el "Caballero Solitario"

SERGIO BREÑAS

“¡Sí, yo también nací y viví en Arcadia! También supe lo que era caminar en la santa inocencia del corazón entre arboledas umbrías, bañarme en los arroyos cristalinos, hollar con mis pies una alfombra siempre verde…”

Armando Palacio Valdés.

“La Aldea Perdida”

El Caballero Solitario, falleció el tres de octubre de 1913: Se precipitó al vacío desde un tramo de VI grado en medio de una tormenta durante la escalada al espolón norte del Mandlkogel en los Alpes austriacos. Su cuerpo, fue rescatado once días más tarde bajo un manto de nieve fresca. La ruta que intentaba fue conseguida veinte años después.

El caballero, que buscaba el Grial, se llamaba Paul Preuss. Siempre recuerdo a Paul Preuss en su artículo "Künstliche auxiliares auf Hochturen" casi un tratado filosófico sobre la escalada libre y el alpinismo, que llegó a inspirar al propio Reinhold Messner. En él, Preuss deja meridianamente claros conceptos éticos que dejarían en pañales a más de un teórico actual.

El teorema en cuestión dice más concretamente: "Uno solo debe aspirar a ascender por dónde sea capaz de destrepar con seguridad" argumenta lo que sigue: "Las ayudas artificiales solo se justifican en situaciones de peligro repentino" "El empleo de los pitones solo se hará en situaciones de emergencia y no como base del alpinismo" "La cuerda facilita el ascenso pero nunca será el único medio de progresión" y remata de manera lapidaria: "La seguridad ha de basarse en la capacidad del escalador, no en las ayudas artificiales"

Cuando el verano se apaga en Quirós, los atardeceres del otoño menguan la luz cada jornada. Al tiempo, el verde frondoso del estío muta agostado a todos los tonos dorados y ocres del espectro. Las hojas se desmayan alfombrando los prados en el valle. Allí, la nueva nieve adorna las alturas del Fontán y de los Huertos del Diablo. Las Ubiñas magníficas despliegan al sur sus alturas cantábricas de dónde ves el mar a tus pies de viajero. La angostura del pequeño desfiladero de Valdemurio, apenas a trescientos metros de altura, recibe al visitante a modo de pórtico del valle, el embalse de su mismo nombre refleja en sus aguas la cumbre del Pico Gorrión o Picu´l Mayor que remata por el sur la sierra de Sobia. Al norte se despliega la sierra de Caranga.

En sus paredes de levante se levanta la Escuela de Escalada del Llano, una de las más antiguas de España y un referente del alpinismo asturiano y español, no en vano, en sus paredes se forjaron y formaron muchos de los escaladores que con el transcurrir de los años dejaron su huella; desde los Picos de Europa, a los macizos montañosos de todo el mundo. Todo esto, lo sabía Sergio.

Los ojos de Sergio ya no verán este otoño.

Ya no podrá sentarse al atardecer, en la atalaya del mirador del corredor del refugio, a posar la vista en la hondonada del valle. Allá, donde un par de luceritas tenues y titilantes no hacen más que acentuar la soledad y el recuerdo de otros ocasos antiguos.

Ya no oirá como el ulular de la Curuxa rasga el aire y corta la lluvia como una guadaña y, en cada uno de los hondones de los puertos, canta un eco distinto hasta dibujar la armonía de una fuga en las alturas, de La Verde a Peña Rueda.

Sergio, el guarda del Llano, ya no podrá reñirme por cambiarles los nombres a los chuqueles: ¡Qué no se llama Rabito!.

Ya no estará a la puerta del refugio contagiando a los clientes de su pasión por las montañas en una de esas tertulias que nunca se olvidan…

Ya no explicará los pasos de escalada, ni las vías, ni los caminos…

Ni nos preparará la cena…

Ya no podrá transmitirnos su espíritu de libertad que, como dice su madre, Elena: “nació con él, y de él disfrutó”.

Pero hay algo compañeros, en lo que nos saca unos cuantos largos de cuerda: Sergio, ya es Quirós. Para siempre.

Sergio Breñas Ortiz también buscaba El Grial y, como el otro Caballero Solitario… dio con él.

Fuente: Montaña Montaña